domingo, 15 de julio de 2007

Serrat y Sabina


Nos hemos pegado un salto a Palma para ver a Serrat y Sabina. Tras diez años fuera de España era necesario acudir de nuevo a esas citas musicales de verano. Es agradable volver a ver a cantautores históricos (por lo menos en mi memoria) en el escenario. Pero, la verdad, no me entusiasmaron. Ninguno de los dos.
Para empezar, me resultó desagradable el inicio del espectáculo con una broma de presentación de los cantantes desde una pantalla gigante a cargo de Iñaki Gabilondo en un plató del Cuatro. ¿Qué guiño se quiere hacer llegar?. No veo la razón ni la gracia de utilizar a un telepredicador para presentar a dos poetas.
Muy buenos, como siempre, los músicos: Pancho Varona, Ricard Miralles, Matthew Simon, Pedro Barceló, Antonio García de Diego...
A Serrat, al que la última vez que le ví en un escenario fue en El Salvador hace tres años, se le nota físicamente cansado aunque entusiasmado con la gira. Ha perdido voz y timbre. Es una lástima. Pero cuidado, sigue siendo Serrat y sólamente su presencia en el escenario lo merece casi todo. Con su trasparencia y sencillez siempre a flor de piel. Y sus temas, que no es poco. Oirle recitar Cançó de matinada, Fiesta o Tu nombre me sabe a hierba, ya es suficiente para irse feliz a casa.
Sabina, por el contrario, líricamente ha mejorado; es un ejemplo de que si uno presta atención a su salud y se porta bien puede cantar mejor. Ha aclarado y fortalecido su metálica voz. Pero le veo que se ha venido demasiado arriba. Muy eufórico y crecido junto a Serrat, y hay algo en todo esto que me resulta antipático y un poquito obsceno. Sabina canta bonitas canciones y es un buen poeta. Pero en este verano mallorquín no me transmite buen rollo. No me resulta creíble. La verdad es que hace ya tiempo que deje de tener simpatía hacia la persona de Sabina, no a su obra musical. Sencillamente, no me gusta su actitud. Y, además, no puedo dejar de pensar en
el artículo que le dedicó Ouka Laredo.

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